sábado, 5 de noviembre de 2011

¿Bien o mal?

Hoy lo tengo claro: MAL.
¿Qué por qué?
Porque la gente parece que solo sabe pensar en sí misma.
Hoy, realmente, parecía un buen día. Me levanté con mimos de mi gatita, luego con media hora de jugar con ella, y posteriormente una tranquila conversación con mis padres. Incluso me sentí mejor pues conseguí mantener algunas risas con ellos.
Luego me sentía orgullosa hasta de mí misma.
¿Por qué?
Porque tenía una gran fuerza y resistencia para hacer las cosas del hogar que hacía mucho que no tenía. Limpié y planché hasta la hora de la comida, e incluso hice la comida. Me sentía bien sacando a mi perro, disfrutando del frío viento que chocaba contra mi cara y mi cuerpo.
Volvía contenta a casa, y me sentí querida cuando vi que mi gatita me perseguía por toda la casa, como si me necesitara a su lado.
Entonces, ¿qué pasó?
Que me llamaron, que me llamó alguien a quien no tenía ganas de escuchar. Esa persona que normalmente ni me deja colgar, ni me deja irme cuando le veo. Me frustra. Me estresa. Me cabrea.
Después, unas cuantas contestaciones poco positivas de mi padre a mi madre en las cuales me metí, e incluso le pegué una bofetada a mi padre, suave, claro, por contestar así a mi madre cuando sabe que está mal.
Y para rematar, mi propio chico se cabrea por diferentes cosas que dije hablando por teléfono y que, ahora, me las niega.
¿Que fueron coincidencia y no se refería a la conversación que yo estaba manteniendo? Puede ser, pero para mí es demasiada coincidencia que fueran justo en el momento exacto.
Ahora he decidido que se acabó todo por hoy. Para mí, ya no quedan más horas del día. Ni si quiera las del día siguiente que permaneceré despierta más allá de las 0.00. Dedicaré esas horas a ahogar mis penas en un vaso que no sé cuándo acabará. Se acabó.
Mi vida tiene un límite, a pesar de que lo haya estirado mucho.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Lo que un día sentí

Así he titulado a un nuevo blog que he decidido publicar.
Son cosas que un día escribí, cosas que un día encontré por ahí escritas y me identifiqué con ellas. Cosas que un día marcaron mi existencia, y que vuelven a hacerlo...
Lo cierto es que al releerlas me he sentido identificada de nuevo. Y eso me hace sentir un tanto confusa. ¿De verdad estoy tan mal?
Supongo que sí.
Ya van unos cuantos intentos de dejar este mundo atrás, y muchas otras reflexiones sobre el mismo tema. Todos sabemos que las cosas nunca salen como uno espera, pero mi mundo se ha torcido demasiado y ya no sé si seré capaz de volver a ponerlo en orden.
Por el momento, este será mi mundo de escape: escribir.

Lo que un día sentí

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sola

Una vez más, me toca a mí.
Y es que, esto siempre es así. Van surgiendo cosas, situaciones, problemas, preocupaciones... y cuando te quieres dar cuenta, entras en un estado de desesperación y acumulación de problemas y preocupaciones del que ya no sabes cómo salir.
Por regla general, me mantengo sola. Siempre me han dicho que soy una chica fuerte, alguien que sabe contener las lágrimas, alguien que sabe cómo actuar en momentos en los que uno debe serenarse. Y hasta ahora, fue así. pero poco a poco mi mundo se me viene encima y he perdido el camino que hasta ahora había decidido seguir.
La solución que encontré fue apoyarme en mis amigos, en mi gente... Pero últimamente parece que no funciona. Quizá debería haber estado preparada para ello; debería haberme metido en la cabeza que la gente no se entrega tanto como lo hago yo, antes de buscar ayuda en ciertas personas.
Y todo eso hace que todo me pese más. Que todos los problemas y preocupaciones que ya estaban en mi cabeza dejen espacio para un nuevo problema más. Un problema que, probablemente, pese más de lo que debería; un problema en el que te das cuenta de que, aún estando rodeada de gente, estás más sola que un perro abandonado en un descampado.

sábado, 29 de octubre de 2011

Al límite

“¿Qué ha pasado que no siento?
He perdido algo y no lo encuentro.
Ha pasado de ser un juego,
a una herida llena de veneno.
De los versos de un suicida,
a escribir para salir con vida.
Una risa desencajada,
se tornó mueca de llorar por nada.
[…]
¿Dónde estará, qué droga será?
para sonreír una vez más.
Quiero volver a ser el que un día fui,
vivir sonriendo y no sobrevivir.
Préstame tú, tu claridad
antes de que llegue la oscuridad.
[…]
Volverse loco es fácil.
[…]


Esta canción es la que hoy ha marcado mi vida. Así me siento. He perdido algo que me lleva a hacer ciertas locuras que no quiero hacer, y ni si quiera sé que es eso que tenía antes, eso que me hacía ver la vida de otra manera, de una manera mucho más alegre y llevadera.
Algo que antes consideraba un “juego”, algo sin importancia, sin peligro; ahora se ha convertido en algo que pone en juego mi vida. Algo que se podría considerar “un veneno”.
Quizá yo no escriba versos ni poemas, pero sí escribo para sobrevivir, para tener algo en lo que plasmar mis pensamientos cuando estoy sola.
Ofrezco al mundo mil y una sonrisas, pero la mayoría de ellas no son de corazón. Quizá porque no es mi mejor momento, o quizá porque ya no sé lo que es ser feliz. Llorar se ha convertido en mi día a día, y por tonterías por las que antes me reía.
Quisiera encontrar algo que me hiciera sonreír, algo que me ayudara a salir de donde quiera que esté. Y, sinceramente, me daría igual lo que fuera.
Quiero volver a ser la niña que le encantaba a todo el mundo por esa sonrisa permanente que duraba en mi cara día tras día, pasara lo que pasase. Quiero volver a salir de casa con ganas, quiero tener la fuerza que tenía antes para ayudar a la gente a salir adelante, quiero sonreír de verdad, quiero seguir viviendo sin tener la sensación de que lo único que hago es pasar los días por “obligación”, es decir, sobreviviendo; quiero volver a mi vida de antes.
Necesito que alguien me dé algo, aún no sé el qué, para no caer en una oscuridad eterna de la que ya no podré volver. Una oscuridad en la que no quiero entrar, pero cada día estoy más dentro de ella. Y aunque nadie lo crea, no quiero hacerlo. Estoy asustada, asustada de mí misma; y eso es algo que no me había pasado nunca.
Me siento como una loca que hace las cosas sin motivo. Una loca que no sabe lo que hace y tampoco sabe explicar por qué lo hace. Una loca que perdió el rumbo de su vida y ya no sabe cómo encontrarlo.

viernes, 28 de octubre de 2011

19 años

Hoy es mi cumpleaños y debería ser la niña más feliz del mundo. Pero no sabría decir si lo soy o no.
Voy a ratos, tengo demasiados cambios de humor constantemente como para saber yo misma cómo estoy, si estoy bien o mal.
Mi propia médica me ha dicho que hoy, esta mañana me sonreían hasta los ojos, y puede que sea verdad, pero tampoco sé cuánto me puede durar esa sonrisa, esa felicidad.
Normalmente el día de mi cumpleaños me levantaba con la mejor de mis sonrisas. Tenía el ánimo por las nubes solo por el hecho de que ya tenía un año más. Pero este año algo ha cambiado y aún no sé el qué. No me he levantado con ninguna sonrisa, de hecho ni si quiera me he levantado a la hora que debería; si no que me he quedado en la cama medio dormida dejando que pasaran las horas. No sé en qué momento apareció mi sonrisa, solo sé que fue aumentando a medida que mi gente se acercaba corriendo hacia mí solo para abrazarme y darme sus más sinceras felicitaciones. Y, por el momento, a las 14:10, mi sonrisa y buen ánimo sigue adelante...
Ahora, a las 22:43, no me encuentro bien. Mi cuerpo me pide estar tumbada con los ojos cerrados, escuchando música triste y ausente de todo y de todos.
Mi ánimo pegó su bajón del día aproximadamente a últimas horas de la tarde. ¿Por qué? No lo sé. Quizá por dar tantas vueltas en el Toy's Rous en busca de un regalo para mis "primitos", o quizá porque mi bajada de ánimo diario ya tocaba. Y el hecho de ponerme mal, me ha hecho ponerme peor al pensar que no soy capaz de estar todo un día bien, ni si quiera el día de mi cumpleaños.
Supongo que cumplir 19 años no es tan especial como los 16 o los 18 años, pero esperaba tener la misma ilusión que tengo cada año en esta fecha. Y, por más que lo pienso, no entiendo por qué me siento así. Me duele la tripa, me duele la cabeza, estoy demasiado cansada y baja de ánimo... Y no debería ser así. He tenido los mejores regalos que podía tener. Una llamada de mi tito, una tarde con mis amigos, un regalo de mis hermanos, felicitaciones a patadas, abrazos a montones y mi chico sigue diciéndome sus más dulces "te quiero".
Aunque solo hubiera sido por un día, me hubiera gustado estar bien hasta el final.

sábado, 22 de octubre de 2011

Con los pies fríos no se piensa bien

A altas horas de la noche, suelen ser los mejores momentos para pensar, para indagar dentro de tu cabeza a ver si encuentras soluciones a problemas y preguntas que rondan por tu cabeza. Durante el día surgen cosas, situaciones, momentos que te quitan esos periodos de tiempo que empleas para ti, y para tus pensamientos. Pero cuando llega la noche te encuentras solo, en una habitación oscura, tirado en una cama mirando al techo. Es entonces cuando nada ni nadie te molesta. Estás solo, solo con tus pensamientos. ¿Eso es bueno? Quizá sí, quizá no. En ocasiones esos momentos son los momentos clave en los que encuentras soluciones a mil problemas, pero en otras ocasiones, esos momentos solo sirven para pasar una noche en vela pensando en todo lo que podrías hacer, o quizá, todo lo que podría suceder; tanto si no haces nada, como si haces algo. Y pasan las horas, y el reloj avanza, mientras en tu cabeza no dejan de brotar más y más pensamientos, pensamientos incontrolados. Pensamientos que no preguntan antes de entrar, pensamientos que aparecen por que sí, aunque no tengan razonamiento alguno.
Es entonces cuando algunas personas, tras saber y vivir todo esto, odian las noches. Odian la soledad, odian tener momentos para ellos solos porque saben que no pueden huir a sus propios pensamientos.
Pero todo el mundo necesita pensar de vez en cuando, y sabes que es lo que hay que hacer, aunque no te guste. Porque si nadie pensara… ¿cómo estaría el mundo? Un mundo sin razón, sin lógica… Un caos.

Da igual

¿Que siempre digo lo mismo? Muy cierto.
Siempre digo que nada importa, que no tiene importancia, o que da igual.
¿Y es así? Lo dudo, pero tengo mis motivos para decirlo, o para sentirlo así. Si lo digo es porque siempre ha dado igual lo que yo diga, lo que yo piense, o lo que yo quiera. Siempre he estado a merced de todos, del mundo, y de cada una de las personas que habitan en él. Y no importaba lo que yo quisiera, lo que yo sintiera, o lo que mi corazón quisiera hacer. Eso no importaba cuando otra persona quería hacer lo contrario, pues eso sería lo que se haría.
Y me cansé.
Hace poco me cansé de todo esto. Me cansé de hacer lo que todo el mundo quiere, me cansé de decir lo que todos quieren escuchar. Me cansé, y se acabó.
¿Y qué pasa? Que todo el mundo se volvió en mi contra.
Ahora todo el mundo vive enfadado conmigo, ya sea por una cosa o por otra. Todo está decayendo en mi vida en cuanto a amigos, relaciones o familia… ¿Y todo por qué? ¿Por ser como realmente soy? ¿Por ser como nunca me dejaron ser?
Es muy triste darte cuenta de que la gente solo te quiere cuando sólo haces lo que ellos quieren, cuando solo les dices lo que ellos quieren escuchar. Es muy triste saber que realmente no te quieren por ser como eres, si no por ser como ellos quieren que seas.
¿Debería volver a ser la niña que todo el mundo usaba para lo que ellos quisieran? Puede ser, pero no lo haré.

Locura

Creo que me estoy volviendo loca…
No quiero sentirme así; quiero dejar de pensar, dejar de romperme la cabeza. Quiero dejar de pensar un día una cosa, y otro día otra. Quiero dejar de cambiar de sentimientos minuto a minuto. Quiero tener una maldita idea clara YA.
Nada está saliendo como yo esperaba… Nada me sale bien.
Siempre tuve claro que no puedes esperar nada de nadie, y aun así, lo hago… Y eso me hunde cada día más. Cada día que pasa, espero algo… y nunca recibo ese algo. Recibo diferentes cosas que me hacen volverme aún más loca.
Ya no sé qué pensar, qué hacer, qué esperar, qué sentir… Y cuando creo que tengo una idea clara, alguien la rompe. Alguien dice algo, alguien hace algo, y todas mis ideas se derrumban una vez más.
Quiero decidir algo, quiero terminar con este martirio que vive conmigo desde hace semanas. Y quiero terminar con ello ya…