viernes, 6 de diciembre de 2013

Perder parte de tu vida

Hay cosas en la propia vida de una persona que son indispensables, como la familia, el dinero, o personas y cosas que realmente te dan fuerzas para levantarte cada mañana.
Pues bien, yo he perdido a una de esas personas. Una persona que era mucho, demasiado para mí. Una persona que me ayudaba siempre, que estaba siempre conmigo, que me sacaba mil y una sonrisas cada día… Y os preguntaréis: “¿Qué pasó si todo iba tan bien?” Un malentendido, eso pasó. Un jodido malentendido que lo llevó todo a la mierda, al desastre, al sufrimiento, a un continuo llorar cada día, a la falta de aire, falta de ganas, falta de todo.
Supongo que siempre me pasará lo mismo, y todo por ser tan impulsiva.
Me hace gracia la gente, ¿sabéis? Cuando me conocen me dicen que el hecho de que sea tan impulsiva es una gran virtud, porque así siempre haré lo que siento cuando lo siento. Dicen que así nunca me arrepentiré de no haber hecho algo. Pero luego siempre es ese el motivo por el que la gente se aleja de mí, porque al ser así, me equivoco muchas veces.
Ahora darme una puta lógica a esto. Por favor. Porque yo ya no puedo más.

martes, 4 de diciembre de 2012

Experiencias y felicidad

Hay demasiadas situaciones en la vida que preferiríamos no vivir, y casualmente son las que más recordamos y las que más nos marcan. Siempre se trata de experiencias dolorosas, experiencias que hacen daño a uno mismo y a los que te rodean. Y quizá sea las que más recordamos porque son las que más nos enseñan, o eso dicen.
"Se aprende más a hostias que a sonrisas." Personalmente, estoy de acuerdo.
Pero las malas experiencias sólo te enseñan a madurar, a saber estar, a llegar a un estado mental de madurez que te permita actuar de manera que puedas vivir "en paz", tranquilo, sosegado... No te enseñan a ser feliz. Nadie nos enseña a ser felices.
Socialmente se considera que para ser feliz se necesita un amor pleno, amistades sinceras, una familia tranquila y un trabajo que te guste.
La RAE define la felicidad como: "Estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien."
Pues bien, yo no estoy de acuerdo con ninguna de las dos. Bien es cierto que el entorno del día a día ayuda, que los bienes ayudan... Pero eso no es la felicidad. Para ser feliz, debes ser feliz contigo mismo, no debes depender de nada ni de nadie. Estar a gusto contigo, valorarte, quererte... es lo principal. Nadie niega que los demás factores ayudan a ese sentimiento que denominamos "felicidad", pero la sociedad debería entender que lo principal, lo básico, somos nosotros, todos y cada uno de nosotros, uno mismo. Una vez que seas feliz contigo mismo, ya puedes mirar al entorno.
Lo siguiente que más nos llena, es el amor, las relaciones de pareja, encontrar a esa persona que sea capaz de comprender nuestros actos, que esté a nuestro lado incluso en nuestros peores días. Esa persona que nos haga sonreír cada día, que nos demuestre con sus actos lo mucho que nos quiere, lo mucho que desea estar a nuestro lado. Esa persona que nos complementa, que sabe escuchar nuestros problemas y darnos los mejores consejos sin llegar a criticar nuestros movimientos. Esa persona que nos da la mano por la calle, que nos ayuda a levantarnos cuando nos caemos, y que con una sonrisa hace que nuestro mundo sea un poquito mejor.
Detrás de ésto, vienen las amistades. Todos buscamos unas relaciones de amistad sinceras. Esos amigos que están ahí para decirte lo que haces mal, y lo que haces bien. Esos amigos que si hace falta te dan el collejón de tu vida para ver si se te colocan las neuronas, pero que siempre lo hacen por tu bien. Esos amigos que estén ahí para ir de fiesta en tus mejores días, y para quedarse contigo en casa viendo una película con una mantita en tus días más tristes.
En cuanto a la familia, la sociedad necesita por naturaleza un estado de tranquilidad en su propio hogar. Saber que cuando llegues a casa, todo estará tranquilo, sin discusiones y sin gritos entre esas cuatro paredes. Porque nuestra casa es nuestro lugar de evasión al exterior, es donde pasamos más horas al día, y es donde más necesitamos tranquilidad. De lo contrario, nos afecta a nuestro estado de ánimo más de lo que nos gustaría.
Finalmente, para una vida "plena" necesitamos un trabajo que nos guste, que nos satisfaga, pues es lo que acabará siendo nuestro día a día, año tras año.
Y esto es, a mi modo de ver, la felicidad.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Por ti, abuelo.

Hola, ¿es éste el teléfono del cielo? Quería hablar con mi abuelo.
Sólo llamaba para que le dijerais que echamos de menos tenerle todos los días en casa, que desde que se fue hay rincones vacíos.
Ah, también que no le demostré todo lo que quería, pero querer en silencio es lo mío; y ahora que no está, me entran ganas de gritarlo a voces para ver si desde el cielo me escucha. Creo que lo hace, porque a veces, cuando lloro, el cielo se pone negro y comienza a llover. No pasa un día que no eche de menos su presencia o su manera de hacerme rabiar.
Te quiero, nos vemos ahí arriba.

miércoles, 24 de octubre de 2012

No sabemos ser felices

Hay veces en nuestra vida que creemos que lo tenemos todo, y luego nos damos cuenta de que tenemos mucho menos de lo que creíamos; y muchas otras tantas veces que tenemos mucho más de lo que realmente vemos a nuestro alrededor... Y es que la vida es así. Y nosotros, somos así.
No sabemos ver lo que tenemos, y mucho menos valorarlo. No sabemos ser felices cuando nos toca serlo; y cuando tocan momentos malos, a veces incluso decimos la típica frase de "paso de todo" y fingimos ser felices. Pero todo queda ahí, en fingir.
En mi caso, hasta hace un par de días me dí cuenta de lo que tengo a mi lado, algo que antes no me había dado cuenta de cuán importante era en mi vida, y cuánto bien me hacía. Y es que a veces hace falta una buena charla para darte cuenta de cuánto hacen realmente por ti.
Sin embargo, también me di cuenta de algo que no sé hasta qué punto me hace bien o mal. De hecho, creo que me hace más mal que bien, y aún así, no soy capaz de desprenderme de ello. ¿Por qué? Algunos dirán que es porque soy demasiado buena. Otros dirán que es porque soy demasiado tonta. Y otros dirán que es porque en realidad esa persona me sigue importando, aunque no debería ser así.
Personalmente, no sé lo que quiero frente a ese problema. Pero me he dado cuenta de que, en realidad, cada intento que hago por no alejarme de él, me hace más daño por una cosa o por otra; y aún así... vuelvo.
Supongo que llegará el día en el que conseguiré desprenderme de ello por completo. Pero creo que por el momento, no estoy preparada. O por lo menos, creo que no lo he asumido.
Y muchas personas viven las mismas situaciones que vivo yo, y esto es lo que me hace llegar a la conclusión de que no sabemos ser felices, no sabemos desprendernos de lo que nos hace daño en el momento en el que deberíamos hacerlo.

lunes, 27 de agosto de 2012

Me giré, y ya no estabas

Pasamos la mañana juntos, en un banco. En la misma calle donde siempre nos quedamos cuando toca día de discusión. Pero no, hoy no era un día de discusión. Hoy era un día de intentar aclarar ciertas cosas. Y lo intenté, y lo intentaste. Pero por una razón o por otra, no me sirvió. Quizá ya era demasiado tarde. Tarde para saber lo que sentimos. Tomé una decisión, y pensé que era la correcta. Y así pensaba hasta que te fuiste. Te abracé, te di dos besos, y me fui calle arriba. No pude evitar girarme mil veces para mirarte, pero en una de esas veces, me giré y ya no estabas. Al no verte me paré en seco. Me quedé mirando al último sitio donde te había visto, deseando que volvieras. Las lágrimas volvían a recorrer mi rostro y mi mente solo me decía lo idiota que había sido al decirte que no quería volver a verte. Fue entonces cuando mi cabeza empezó a plantearse si había tomado la decisión correcta. Puede que no sea una relación perfecta, pero es una relación. Puede que haya cosas que no soporte, pero seguro que tú tampoco soportas otras de mí. Puede que te pida que te vayas, pero en realidad quiero verte a diario. Puede que me haya equivocado al tomar ésta decisión, pero sigo sin obtener una respuesta firme de mi cabeza. Y hoy, durante cada minuto del día, mi cabeza se pregunta si sabrá vivir sin ti. Sin tus besos, sin tus abrazos, sin tus caricias, sin tus sonrisas... Quiero volver contigo, pero... ¿es lo correcto?

jueves, 9 de agosto de 2012

¿Sueño o realidad?

Hace unas noches me quedé hasta las tantas de la mañana hablando contigo. Nos confesamos la una con la otra y todo se asemejó un poco a cómo era hace un par de años. Hablamos de mil cosas, y hablamos de cosas de las que no hablamos con nadie, quizá por miedo a que no nos entiendan. Eso es lo bueno que tenemos tú y yo, que siempre nos comprendemos la una a la otra. Aún no sé lo que nos separó, pero ahora sí sé lo que nos separa; y aunque a mí no me importaría luchar contra todo eso, entiendo que tú no quieras hacerlo. Sabes que a mí siempre me dio igual lo que dijera la gente. Nadie sabe absolutamente nada de lo que teníamos tú y yo, de lo amigas que éramos, de lo que nos necesitábamos (y nos necesitamos) la una a la otra. Sencillamente me da igual lo que la gente pudiera decir si supiera que hablamos, puesto que nadie tiene absolutamente nada de idea de lo que pasó ni de lo que sentimos. Pero es muy comprensible que no quieras enfrentarte a ello, pues hay gente importante de por medio. Por lo menos aún me queda el consuelo de que algún día volveremos a estar juntas. Sólo tú y yo sabemos cómo; y sólo tú y yo sabremos que estamos luchando por ese fin. Y entonces, cuando lo consigamos, el mundo dará igual. Sólo importarán nuestras respectivas parejas, nuestro helado de tres chocolates, nuestro musgo y, lo más importante: nosotras. Que quede entre tú y yo: Te quise, te quiero y te querré. Siempre.

domingo, 20 de mayo de 2012

Días "tontos"

Supongo que cuando se juntan tantas preocupaciones en un período tan corto de tiempo, hay algo en tu cuerpo que te impide sonreír durante unos días. No importa si esas preocupaciones tienen solución o no; sencillamente tu cuerpo bloquea tu mente dejando un estado de ánimo bipolar, con demasiado alti-bajos; o un estado de ánimo completamente neutral. Te sientes tan bloqueado, que es imposible definir lo que te pasa o por qué estás así. Poca gente es capaz de entenderte durante esos días, con la consecuencia de que no dejan de preguntar el típico "¿qué te pasa?" que en muchas ocasiones ayuda, pero en muchas otras agobia o cabrea. Durante éste período de tiempo, esa pregunta no ayuda en lo más mínimo, pues la única respuesta posible es un "no sé". Ésto hace que la gente piense que no quieres contarlo, y la reacción más habitual es enfadarse o molestarse, lo cual empeora las cosas. Todo el mundo sabe que las personas que te preguntan es porque se preocupan, pero lo que deberían entender esas personas es que enfadándose por no obtener respuesta, sólo hace que tu estado de ánimo continúe en decadencia. Cuantos más días pasan, más tonta te sientes. Quieres estar bien, o por lo menos sonreír, y no puedes. Y sólo te queda esperar; evitar a todo el mundo, y esperar a que se te pasen esos días "tontos".

martes, 24 de abril de 2012

Intentando entender

Llevo unos días dándole vueltas a un tema concreto, y sigo sin entender nada. Quisiera entenderlo, quiero entender por qué haces lo que haces, por qué dices lo que dices, por qué te comportas de tal manera, y por qué lo haces después de tanto tiempo. Mi mayor motivo para no entenderlo, es que tú decidiste estar de ésta manera. Tú elegiste dejar de hablarme, elegiste dejar de verme, elegiste alejarte de mí. Eso fue algo que tampoco entendí; y con el tiempo, preferí no entenderlo. O eso era lo que hacía creer a la gente. Después de todo, te pedí quedar contigo. Quería darte explicaciones a unas versiones que me habían contado, las cuales eran completamente falsas; y accediste. Nos vimos, hablamos e incluso nos dimos dos besos. Todo parecía más tranquilo y mi vida se volvió algo más sencilla. Hablamos durante unos días por medio del ordenador, aunque fuera muy poco a poco, como si fuéramos unas desconocidas. Pero no me importaba, por lo menos habíamos vuelto a hablarnos. Pero después de unos días, volviste a decidir que no podías ser mi amiga, y dejamos de hablarnos por segunda vez. Ese día, en ese mismo instante, decidí no volver a hundirme; decidí que si tú no querías volver a tener una relación de amistad conmigo, lo aceptaría sin afectarme, o por lo menos, no mucho. Y lo conseguí. Pero después de un par de semanas, decidiste volver a hablarme. Esta vez por el móvil. Me pillaste en el autobús, y me quedé mirando la pantalla del móvil hasta que mi subconsciente aceptó que de verdad eras tú. Ese día volvimos a hablarnos, pero pasados tres días, te pregunté por qué lo habías hecho. Me dijiste que sólo habías hablado conmigo para saber cómo estaba. Te pregunté si habías cambiado de opinión sobre ser mi amiga, o por lo menos intentarlo. Pero no contestaste. Te pregunté tres veces, y sabes que yo de ahí no paso. Seguiste sin contestarme, y dimití. Dí por hecho que no habías cambiado de opinión y te di las buenas noches, y ahí se volvió a acabar todo. Ahora me paso las horas preguntándome por qué, por qué me hablaste, por qué ese día, por qué a esa hora, qué se te pasaría por la cabeza, si aún piensas en mí, si me echas de menos, si hablas de mí... TODO. Ahora mi cabeza solo sabe darle vueltas a un "por qué" muy general, demasiado general. Sinceramente, preferiría dejar de pensar en ello. Preferiría ser capaz de dar un paso adelante y olvidarme de mi pasado y de todas aquellas personas que formaron parte de él. Pero no puedo. No puedo por el simple hecho de que fuisteis demasiado importantes para mí, y en concreto tú. Cinco años no son pocos, y menos cuando estábamos prácticamente a diario juntas. Demasiados momentos, demasiados recuerdos. No sé si llegaré a entender algún día por qué lo hiciste. Después de todo, solo hay dos opciones. O bien me hablaste porque me echas de menos, como lo hago yo contigo; o bien me hablaste para intentar joderme de una u otra forma. Si creo que me echas de menos, me haré ilusiones y no soportaría volver a perderte; y si creo que quieres joderme, tampoco podré volver a soportar que quieras hacerme daño después de todo lo que pasamos juntas. Asique, sinceramente, no quiero meterme en la cabeza ninguna de las dos ideas. Definitivamente, pasarás el resto de mi vida en mi cabeza, hablemos o no hablemos más. Después de todo, me quedo con lo bueno.